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Pobreza y desigualdades. Cómo se conectan con los sucesos del 11 de julio?María del Carmen Zabala Arguelles

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Abstract: Los sucesos ocurridos en Cuba el 11 de julio de 2021 han tenido una amplia connotación nacional e internacional. Una parte de los análisis se ha concentrado en las condiciones internas del país- situación económica, problemas sociales, situación epidemiológica ocasionada por la COVID- 19, limitaciones de los canales de participación efectivos para presentar demandas, entre otros- o en las externas -recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero del gobierno estadounidense, intentos de subversión política, guerra mediática. Otros, en cambio, han analizado estos eventos a partir de las articulaciones entre ambas condiciones y de la multiplicidad de condicionamientos -económicos, políticos, sociales, culturales, subjetivos- presentes. Las siguientes reflexiones intentan acercarse a esta última posición y se enfoca en el tema de la equidad, como condición generadora de inclusión social, y en los fenómenos de pobreza y desigualdad, potencialmente productores de fracturas sociales, que pueden conducir a situaciones anómicas y malestar.
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A modo de introducción

Cuba ha avanzado un modelo de desarrollo sustentado en la promoción del desarrollo humano, inclusión, equidad y justicia social, que se ha concretado en la cobertura universal de servicios sociales, protección social y acceso a oportunidades y derechos para todos los grupos sociales. Aunque tales conquistas no lograron remover completamente los acumulados de desigualdades, desventajas y puntos de partida inferiores, es desde la crisis y reforma económicas de los noventas que se observa su incremento, con implicaciones en la subjetividad y en la participación social.

La última década ha estado marcada por transformaciones económicas y sociales, que ratifican el compromiso con la equidad y justicia social, pero también otorgan prioridad a la sostenibilidad económica de la política social y a la eficiencia económica, eliminan el trato igualitarista, y promueven mayor presencia de las personas, familias y mercado en la producción de bienestar. Ello ha significado la reconfiguración de las normas distributivas en la sociedad, de los proyectos y estrategias de vida personales y familiares, de las responsabilidades asignadas a diferentes actores sociales, así como impactos sociales, subjetivos y culturales.

La tendencia al incremento y persistencia de desigualdades e inequidades y la consiguiente afectación a la equidad, es uno de los mayores retos a enfrentar en la sociedad cubana. A nivel gubernamental ha sido definido el eje estratégico Desarrollo humano, equidad y justicia social, del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030[1], que establece entre sus objetivos la reducción progresiva de la diferenciación socioeconómica.

Numerosas experiencias constatan que las desigualdades -en especial las económicas- tienen implicaciones políticas, pues reducen las posibilidades de participación para los grupos más desfavorecidos, afectan la cohesión social y la confianza de la población en los gobiernos, las instituciones y sus congéneres (PNUD 2019).

Resulta entonces lógico preguntarse si el incremento y persistencia de las desigualdades e inequidades, y de las situaciones de pobreza y vulnerabilidad social, han tenido alguna influencia en los acontecimientos del 11 de julio de 2021 en Cuba. A continuación se presentan algunas interpretaciones sobre esta interrogante, siguiendo como ruta el análisis de las desigualdades existentes y de las políticas implementadas para su atención, desde una visión de la realidad social caracterizada por su complejidad, heterogeneidad y diversidad.

Desigualdades en la Cuba actual

Del amplio conjunto de desigualdades y desventajas identificadas desde la investigación social[2], esta discusión se enfoca en las situaciones de pobreza y desigualdad, desde un enfoque interseccional, que resalta las articulaciones entre dimensiones como género, color de la piel, territorio, edad, económicas, clasistas, por discapacidad, vivienda/hábitat, participación social, de manera tal que puedan ser develados los entrecruzamientos entre múltiples formas de inequidades e identificados los grupos sociales en los cuales se concentran desventajas.

Los análisis sobre pobreza han concitado polémicas y resistencias, dados los indiscutibles logros sociales alcanzados en la sociedad cubana y la diferencia radical con la condición crítica o extrema de estos fenómenos en otros contextos, caracterizados por desnutrición, insalubridad, analfabetismo, inseguridad, desprotección y exclusión social (Zabala 2010), así como su bajo nivel de incidencia en términos relativos[3]. Ello explicaría la utilización de términos tales como grupos vulnerables, en desventaja o población en riesgo.

Estas problemáticas se conectan con dimensiones económicas -en particular empleo e ingresos-, con sus implicaciones en el consumo, y con condiciones materiales de vida -en especial vivienda / hábitat- y la ubicación territorial. 

La problemática de la vivienda es una de las más complejas en Cuba, identificándose problemas como:  deficiente estado físico-constructivo, precariedad - ciudadelas, viviendas improvisadas, barrios y focos insalubres, asentamientos periféricos con limitaciones en los servicios básicos-, malas condiciones del hábitat, déficit habitacional, y vulnerabilidades ante desastres naturales y el cambio climático.

En algunas de estas situaciones se reproducen situaciones desfavorables para un desarrollo inclusivo, en las cuales se combinan elementos estructurales - inadecuadas condiciones higiénico-sanitarias, afectaciones de infraestructura, limitadas oportunidades de empleo, insuficiente conectividad-, sociales -limitado aprovechamiento de las opciones educativas, bajo nivel de escolaridad, condiciones de ilegalidad respecto a residencia y propiedad, afectaciones en acceso y calidad de servicios sociales, cultura y recreación, inestabilidad o desvinculación laboral, indisciplinas sociales, naturalización de la violencia, conflictividad social, afectaciones a la seguridad ciudadana, limitada participación social- y cultural-subjetivas - percepciones de rechazo y discriminación, marginación, sentimientos de injusticia, descontento, inmovilismo y malestar. Específicamente en lo relativo a la situación de la vivienda, las situaciones más graves están presentes en las capitales provinciales y cabeceras municipales, especialmente en La Habana, que muestra la situación más compleja, y en ésta en particular en los municipios Habana Vieja, Centro Habana, Arroyo Naranjo, 10 de Octubre y San Miguel del Padrón[4].

Las desigualdades territoriales también constituyen factores que inciden en las posibilidades reales de aprovechamiento de las oportunidades existentes; la más reciente medición del desarrollo humano en Cuba (PNUD/CIEM 2019) constata diferencias territoriales notables en lo referido a empleo, ingresos, desarrollo económico, acceso a la educación superior y a los servicios básicos. Diferentes estudios han revelado desventajas territoriales, que se concentran en la región oriental del país (Martin y Núñez, 2010), zonas rurales (Pupo 2017) y asentamientos dispersos (Íñiguez et al 2017).

Otra dimensión vinculada a la pobreza y vulnerabilidad son las limitaciones en el acceso a servicios sociales, que en Cuba se garantizan de manera universal y gratuita; no obstante, los bajos niveles de educación y calificación presentes en la población pobre o vulnerable, y sus limitaciones en el acceso a algunos servicios, demuestran que la garantía de derechos es necesaria, pero no suficiente, para asegurar su disfrute de forma equitativa, dados sus puntos de partida inferiores en cuanto a activos económicos y sociales.

La condición de pobreza también se asocia a limitaciones en la participación; en los grupos sociales en esta situación se ha constatado cierto nivel de distanciamiento con las organizaciones e instituciones sociales, percepciones estigmatizadoras y actitudes excluyentes en el entorno social, algunas manifestaciones de anomia expresadas en el desapego de las normas sociales, preeminencia de estrategias orientadas al beneficio individual y familiar, tendencia a la desconexión social y escaso protagonismo social (Zabala 2010). En las comunidades, los niveles de participación se concentran en sus niveles más bajos -información y consulta-, al margen de procesos de control ciudadano, cogestión o autogestión (Campoalegre, et al. 2016).

Diversas formas de exclusión social y marginación también intervienen en estas dinámicas: estigmatización de barrios marginales y sus pobladores, en particular de los sujetos migrantes (Rodríguez 2011; Ramos 2018),  actitudes de rechazo a sectores minoritarios de la población juvenil por diferencias de opinión, situación económica, color de la piel, sexo, incapacidad o enfermedad y comportamiento sexual (Morales 2011), segmentaciones y prácticas excluyentes en el ámbito educativo (Padrón 2014; Batista 2021), prácticas discriminatorias hacia la comunidad LGBTI (Castro 2014).

La subjetividad individual y grupal vinculada a estos fenómenos manifiesta expresiones disímiles: insatisfacciones e incertidumbres relacionadas con las carencias materiales, baja autoestima, desesperanza y percepciones de ventajas y desventajas de diferentes grupos sociales en relación a las transformaciones que han tenido lugar. Respecto a esto último, entre los elementos dinamizadores del descontento expresado en los sucesos del 11 de julio podrían identificarse, no solo las carencias coyunturales del momento o incluso las que persisten por generaciones en algunos grupos sociales, sino la percepción del incremento de desigualdades y distancias sociales, en una sociedad que sostiene valores de equidad y justicia social.

El análisis interseccional revela los entrecruzamientos de género, color de la piel y territorio, que destacan el reforzamiento de las desventajas y situaciones de pobreza y vulnerabilidad social de las mujeres negras y mulatas, así como sus articulaciones con algunas características de los espacios -ruralización, desfavorables condiciones materiales y económicas. La incorporación de categorías diversas como clase, condición de migrante, incapacidad o enfermedad, comportamiento sexual, situación familiar, condiciones materiales de vida, vínculo laboral y niveles educativos favorece la comprensión de formas diversas de desigualdades y desventajas, así como las sinergias entre ellas.

Las coyunturas más recientes -recrudecimiento del bloqueo económico, financiero y comercial del gobierno estadounidense, reordenamiento monetario y pandemia COVID-19, por solo citar las que se consideran más relevantes- no han tenido un impacto semejante en la vida cotidiana de las personas. Por el contrario, sus efectos son diferentes atendiendo a las desigualdades antes apuntadas y en el caso de las desigualdades económicas, con mayor efecto diferenciador del acceso a divisas; los impactos más desfavorables se concentren en los grupos sociales, territorios y comunidades con mayores desventajas.

Políticas de atención a la pobreza y las desigualdades

La atención a la pobreza y vulnerabilidad en Cuba ha estado inserta en políticas orientadas al logro de bienestar social para toda la población, desde un enfoque de integración. La excesiva homogeneidad en las políticas y programas, y la utilización restringida de acciones focalizadas en grupos sociales y/o territorios con desventajas han limitado su efectividad.

Un momento de cambio lo constituyó la Batalla de Ideas, desarrollado a inicios del presente siglo, concebida con el propósito de revertir algunos de los efectos de la crisis y reforma económicas, y favorecer mayores niveles de equidad social mediante la implementación de numerosos programas sociales dirigidos hacia la juventud y con protagonismo de este sector, que favorecieron su integración y movilidad social mediante la superación y el empleo[5].

Como parte del proceso de actualización del modelo de desarrollo económico y social, la implementación del eje estratégico Desarrollo humano, equidad y justicia social ratifica la universalidad en el acceso a servicios sociales, pero además promueve políticas diferenciadas para la atención específica a grupos con necesidades especiales -población en riesgo, adultos mayores y personas con discapacidad-, prestando particular atención a los grupos vulnerables, con políticas más sensibles a la heterogeneidad y diversidad social existente; ello supone un mayor espacio a la focalización -mediante el subsidio a personas-, aunque no referida explícitamente a las situaciones de pobreza. Tales propósitos se complementan con la elevación sistemática de la calidad de los servicios sociales, como vía para garantizar igualdad de acceso a las oportunidades, y mayor incidencia de la gestión local.

La promoción de la participación social y el fortalecimiento de la ciudadanía activa constituyen piezas clave para promover la integración social; es necesario que las personas sean protagonistas de los procesos de transformación social, que tengan la posibilidad contribuir al diseño, implementación y evaluación de las políticas sociales, que puedan gestionar las estrategias de desarrollo territorial en articulación con los organismos gubernamentales y otros actores. Asimismo, implementar un monitoreo sistemático de los impactos de las políticas sociales y económicas en los grupos con desventajas sociales, que considere sus percepciones al respecto.

En el nivel local/comunitario la atención a la pobreza y vulnerabilidad encuentra un escenario idóneo de actuación. Sin embargo, en la gestión local-institucional para la atención de estos fenómenos se destacan varios problemas que debilitan su impacto: limitaciones de la gestión de los gobiernos locales, ineficacia de las acciones, desarticulación de las estrategias, limitados canales de diálogo con la población, insuficiente autonomía del gobierno local, preeminencia de estrategias nacionales y acciones emergentes, limitaciones en el funcionamiento de la red institucional, insuficiente colaboración interinstitucional, y carácter parcial de las soluciones (Ortega 2014; Peña 2017; Torres 2014; Gómez 2009; Proenza 2014). A ello se añaden las limitaciones de la participación social de los grupos sociales en situación de pobreza y vulnerabilidad en estos procesos.

Los sucesos del 11 de julio parecen indicar que tales limitaciones de la gestión local en la atención a los problemas existentes y el apoyo a la reproducción de la vida cotidiana, no habían sido resueltas, acumulándose así insatisfacciones en la población, demandas legítimas no solucionadas, y desconfianza hacia las instituciones públicas.

La situación particular de los barrios o comunidades en desventaja exige transformaciones integrales - estructurales, sociales, educativas, culturales-, una amplia participación social, inclusiva de todos los sectores, desde el compromiso político y el respeto a la identidad, tradiciones y necesidades de esos espacios. La sociedad cubana acumula buenas prácticas en ese empeño, basta citar sólo la experiencia durante tres décadas de los Talleres de Transformación Integral de Barrio en la capital del país, con metodologías participativas; el trabajo de las Brigadas Universitarias de Trabajo Social; y disímiles proyectos comunitarios para la atención de problemáticas sociales y el desarrollo sociocultural.

En la actualidad se realizan acciones diversas en 62 comunidades de mayor complejidad – o barrios vulnerables- de la capital, para enfrentar un grupo de problemáticas, que incluyen mejoramiento de vivienda, infraestructura básica y servicios, trabajo de prevención social, en especial para la inserción laboral de jóvenes y mujeres, con participación de ministerios, instituciones, gobiernos locales y la población residente[6].

Lo relativo al segmento juvenil también constituye un interés prioritario. Aunque no resulte posible definir un perfil exacto de los participantes en los sucesos del 11 de julio, entre ellos destacaban las personas jóvenes; se trata de un segmento etario y generacional socializado bajo los efectos de la crisis y reforma económicas y de las transformaciones más recientes del país. Las investigaciones sociales han identificado desigualdades y desventajas en cuanto a empleo y acceso a cargos de dirección; en debates recientes se señala además la acumulación de insatisfacciones de participación política y económica[7].

Comentarios finales

Junto al logro de altos niveles de desarrollo social y humano, en la sociedad cubana se ha constatado el incremento de situaciones de pobreza y vulnerabilidad, su asociación con los procesos de diferenciación socioeconómica y territorial, y formas diversas de exclusión social y marginación que contribuyen a su reproducción. El reconocimiento y comprensión de estos fenómenos, el análisis de sus condicionantes, las maneras en que son identificados y comprendidos, y los modos de actuación para su atención, resultan esenciales.

El fortalecimiento de los procesos de inclusión social en Cuba involucra múltiples dimensiones, cuyo eje transversal es la participación social en la construcción de nuevos consensos en torno a las normas de igualdad, de producción y distribución de los recursos materiales y sociales, y la equidad en el acceso a las oportunidades humanas, con atención especial a los grupos sociales en situación más desventajosa, objetivo declarado de la Revolución.

Referencias bibliográficas

Batista, Patricia. 2018. “Caracterización del proceso de inclusión-exclusión educativa en grupos escolares de enseñanza media y media superior”. Tesis presentada en opción al título académico de Máster en Psicología Educativa. Universidad de La Habana

Campoalegre, Rosa; E. Chávez, M. Samón et al. 2016. Un estudio sobre familias en situación de vulnerabilidad social en los barrios habaneros el Fanguito, la Guinera, la Corea y el Palenque. Informe de investigación. CIPS

Castro, Mariela. 2014.  “Estrategia para la integración social de las personas transexuales en el contexto actual de la sociedad cubana”. Tesis en opción al Grado Científico de Doctora en Ciencias Sociológicas, Universidad de La Habana

CEPAL. 2019. Propuesta de agenda regional de desarrollo social inclusivo. Ciudad de México

Colectivo de autores. 2020. Colección Tensión y complicidad entre desigualdades y políticas sociales. Análisis interseccional del contexto cubano 2008-2018. La Habana: FLACSO / Publicaciones Acuario 

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Íñiguez, Luisa (Coord.), E. Figueroa y J. Rojas. 2017. Atlas de la infancia y la adolescencia en Cuba Análisis a partir del Censo de Población y Viviendas 2012. La Habana: Editorial UH

Pupo, Ania. 2017. Pobreza rural en el oriente cubano: lecturas desde las perspectivas de género y espacio, en: Políticas públicas y procesos rurales en Cuba. Aproximaciones desde las ciencias sociales, Leyva y Echevarría, Comps, pp. 223-246

Martin, Lucy y L. Núñez. 2010. Territorio y hábitat: dimensiones de la equidad en Cuba. Informe de investigación CIPS

Martínez, Gleidys. 2014. “Inter(des)conexiones del estado y la sociedad civil en las políticas y estrategias de superación de la pobreza en Cuba”, en: Algunas claves para pensar la pobreza en Cuba desde la mirada de jóvenes investigadores, compilado por María del C. Zabala

Morales, Elaine. 2011. “La percepción social del proceso de marginación. Un estudio psicosocial en la juventud cubana”. Tesis de Doctorado Psicología, Universidad de La Habana

Ortega, Diosnara. 2014. “Examen de la estrategia de desarrollo local: las relaciones pobreza-medio ambiente-cambio climático en el contexto cubano”, en: en Algunas claves para pensar la pobreza en Cuba desde la mirada de jóvenes investigadores, compilado por María del C. Zabala

Padrón, Silvia. 2014. “¿Nuevas formas de exclusión social en niños? Consumo cultural infantil y procesos de urbanización de la pobreza en la capital cubana”, en Algunas claves para pensar la pobreza en Cuba desde la mirada de jóvenes investigadores, compilado por María del C. Zabala

Peña, Angela. 2017. Regímenes de bienestar y pobreza familiar en Cuba. La Habana: Editorial Ciencias Sociales

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Pupo, Ania. 2017. “Pobreza rural en el oriente cubano: lecturas desde las perspectivas de género y espacio”, en: Políticas públicas y procesos rurales en Cuba. Aproximaciones desde las ciencias sociales, compilado por Arisbel Leyva y Dama Echevarría, pp. 223-246

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Tamayo, León. 2021. “Trabajemos en Centro Habana y en todos los municipios de la capital”, periódico Granma, Septiembre 14, 2021

Voghon, Rosa. 2014. “La transmisión intergeneracional de la pobreza: entre el cambio y la reproducción. El caso del barrio de Atarés”, en: en Algunas claves para pensar la pobreza en Cuba desde la mirada de jóvenes investigadores, compilado por María del C. Zabala

Torres, Ailynn. 2014. “La participación local para la alternativa. Espacio comunitario y estrategias de enfrentamiento a la pobreza en un estudio de caso cubano”, en: en Algunas claves para pensar la pobreza en Cuba desde la mirada de jóvenes investigadores, compilado por María del C. Zabala

Zabala, María del C. 2010. Familia y pobreza en Cuba. Estudio de casos. La Habana: Publicaciones Acuario. Centro Félix Varela

Notas

[1] Véase: Bases del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030: Visión de la Nación, Ejes y Sectores Estratégicos.

[2] Los análisis sobre desigualdades presentados pueden consultarse en: Colección Tensión y complicidad entre desigualdades y políticas sociales. Análisis interseccional del contexto cubano 2008-2018, Colectivo de autores (2020). FLACSO / Publicaciones Acuario. Dicho estudio es una sistematización de investigaciones sobre el tema, los datos específicos de los autores y estudios pueden consultarse en la referida colección.

[3] El cálculo del Índice de Pobreza Multidimensional en Cuba es de 0,0005 y la tasa de 0,15 % de la población para 2017. Las dimensiones de salud, educación, condiciones de vida, mortalidad infantil, acceso a electricidad y asistencia escolar tienen los menores por ciento de población con privaciones; los indicadores con mayores por ciento de población con privaciones son: tenencia de activos, tipo de combustible para cocinar y acceso a saneamiento adecuado (Cuba. Informe nacional sobre la implementación de la Agenda 2030. Informe voluntario de Cuba 2019)

[4] Algunos de ellos fueron escenario de los acontecimientos del 11 de julio.

[5] Entre los programas sociales se destacan por su importancia: Curso de Superación Integral de Jóvenes, formación emergente de Trabajadores Sociales, Maestros Primarios, profesores de Computación Básica, Profesores Generales Integrales, Instructores de Arte y enfermeros, y creación de las Sedes Universitarias Municipales para la continuidad de estudios en la educación superior de los jóvenes participantes en estos programas.

[6] Véase: periódico Granma, 14 de septiembre de 2021, Trabajemos en Centro Habana y en todos los municipios de la capital, artículo de René Tamayo León

[7] Véase: Alma Mater (2021) Desafíos del Consenso: Filosofía y Economía, en: https://medium.com/revista-alma-mater/desaf%C3%ADos-del-consenso-econom%C3%ADa-d172eeda555